Quiero una noche y un paisaje.
Su voz susurrando y un silencio interminable.
Esperar en las horas confusas del desvelo,
que el día amanezca lentamente entre su pelo.
Recorrer con la yema de mis dedos cada trazo,
de los tantos que conforman su rostro
y así asegurarme que sea lo más fiel posible,
el recuerdo que construyo.
Deseo la emoción de encontrarlo, lo increíble de tenerlo.
La grandeza y lo sublime
de empaparme de amor hasta las lágrimas.
Revelando el único sentido por el que vale la pena vivir:
Por la búsqueda infinita del amor,
que se escurre, se escapa.
Se arruina y se repara.
Cada gesto de amor genuino, cada entrega de las almas.
Cada encuentro descarnado, tan intenso, como esporádico...
