domingo, 29 de noviembre de 2015
ORIGEN II
Quiero hacerme belleza con el mundo.
Desdibujarme, despersonalizarme: nada que se pueda decir.
Una ambición: fundirme en la eternidad de la respiración.
Ser espejo,
ser verdad,
ser la estética de todo lo encarnado.
Ser la fuerza de la acción,
la libertad de los que confluyen.
Trascender los espacios,
ser espacio,
universo infinito,
sin destino,
ni mención.
Abro las puertas,
la piel,
los ojos,
los caminos,
lo escondido.
Abro la vida al vivir.
Allá donde comenzaron y murieron las obsesiones.
(estoy tan cerca, estoy en el momento, estoy tan lejos...)
Sentirse extraña, sin negación
Llegar al extremo de la fragilidad.
Sé: encarna la fuerza vital.
Tantas determinaciones,
tantos conceptos...
La simpleza puesta acá,
no adelante, no en ningún lado.
Acá, impregnada,
siendo, realizándose, habitando,
pidiendo por todos los medios,
hablando a todo momento,
tornándose causa y efecto,
siendo fundamento, medio y fin.
Todo para decir simplemente:
Necesito un abrazo.
No cualquier abrazo, un abrazo.
Uno sólo, sin sujeto, sin sombra,
sin referente, sin dueño.
Necesito hacer abrazo,
con el cuerpo, con la energía, con las sutilezas,
con todo lo que flota, con todo lo que respira.
Necesito ser abrazo
con la vida y su espiral en proceso.
ORIGEN
Hay magnetismos que te llevan al reencuentro
y repulsiones que los desenlazan.
Allí habita el misterio, donde bucear es perderse y encontrarse.
Desconocer los motivos,
abrazar la ignorancia, ser todo eso que no se sabe.
Hablemos de los pájaros y su libertad,
de la plantas y sus raíces,
de los gatos y su instinto,
de los demás y sus deseos,
de nosotros y nuestras necesidades.
Yo también hablé sin saber nada.
Es fácil hablar sin decir.
Y yo también lo hice, lo hago y lo haré.
Aunque no quiera.
Y reniegue, revise, intente, evite y modifique.
Se confunden y aciertan cuando disparan sobre mí
un montón de mierda sobre la fortaleza y la superación.
Donde algunos ven valor en mi desprejuicio, yo veo consecuencia.
Nunca me atrevería a enjuiciar a nadie más que a mí misma.
Aunque lo haga, como hablar sin decir.
¿Quién soy para juzgarme?
Mi vida es la observación, la búsqueda y el interminable aprendizaje.
Si ya se han superado los límites del horror y el espanto.
No nos queda más que volver a mirarnos,
no queda más retorno que al origen.
y repulsiones que los desenlazan.
Allí habita el misterio, donde bucear es perderse y encontrarse.
Desconocer los motivos,
abrazar la ignorancia, ser todo eso que no se sabe.
Hablemos de los pájaros y su libertad,
de la plantas y sus raíces,
de los gatos y su instinto,
de los demás y sus deseos,
de nosotros y nuestras necesidades.
Yo también hablé sin saber nada.
Es fácil hablar sin decir.
Y yo también lo hice, lo hago y lo haré.
Aunque no quiera.
Y reniegue, revise, intente, evite y modifique.
Se confunden y aciertan cuando disparan sobre mí
un montón de mierda sobre la fortaleza y la superación.
Donde algunos ven valor en mi desprejuicio, yo veo consecuencia.
Nunca me atrevería a enjuiciar a nadie más que a mí misma.
Aunque lo haga, como hablar sin decir.
¿Quién soy para juzgarme?
Mi vida es la observación, la búsqueda y el interminable aprendizaje.
Si ya se han superado los límites del horror y el espanto.
No nos queda más que volver a mirarnos,
no queda más retorno que al origen.
ANTES DEL RUIDO
Campos conocidos, proclamando autocontrol.
Descuidos permitidos que trae el alba con su calor.
Confianza ciega de lo inalterable.
Pretensiones de antesala al sol.
Luz que encandila un ápice a la emoción.
Contra-adicción de ir sin despegar.
Infortunio ante la soledad.
Oportunidad de iluminar.
Recuento de los recuerdos vacíos.
Impronta de lo que no fue.
Momento clave para dejar ser.
Prueba de amor propio, otra vez.
Descuidos permitidos que trae el alba con su calor.
Confianza ciega de lo inalterable.
Pretensiones de antesala al sol.
Luz que encandila un ápice a la emoción.
Contra-adicción de ir sin despegar.
Infortunio ante la soledad.
Oportunidad de iluminar.
Recuento de los recuerdos vacíos.
Impronta de lo que no fue.
Momento clave para dejar ser.
Prueba de amor propio, otra vez.
DURANTE EL RUIDO
Querrán todo, querrán más: serán nada.
Euforia veloz, intimidades autómatas,
contacto aislado, descarga sin pulsión.
Accidente del desuso, inconvenientes por reacción,
amenazas inminentes, límites sin perdón.
Almas desperdigadas, cuerpos impermeables,
miradas sin proyección, anestesia por vocación.
En los rincones vulnerables, nada es tan original.
Ofrecer el despojo:la única revolución.
Euforia veloz, intimidades autómatas,
contacto aislado, descarga sin pulsión.
Accidente del desuso, inconvenientes por reacción,
amenazas inminentes, límites sin perdón.
Almas desperdigadas, cuerpos impermeables,
miradas sin proyección, anestesia por vocación.
En los rincones vulnerables, nada es tan original.
Ofrecer el despojo:la única revolución.
viernes, 27 de noviembre de 2015
DESPUÉS DEL RUIDO
Las capas cayeron una a una,
se reinicia la novedad primera.
La enfermedad: no habitar.
se reinicia la novedad primera.
La enfermedad: no habitar.
Las proyecciones se aniquilaron
por esencia determinista.
La droga de alto consumo: pensar.
por esencia determinista.
La droga de alto consumo: pensar.
Era el ocaso más hermoso,
como contradicción intrínseca.
Era la ausencia en consecuencia,
como contradicción implícita.
como contradicción intrínseca.
Era la ausencia en consecuencia,
como contradicción implícita.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Miserable
A decir verdad, me siento miserable.
Lo suficiente para dolerme.
Los veo convencidos
y no importa si lo están,
porque los veo.
Me siento miserable,
pensando en cuánto pongo,
cuánto quisiera, cuánto podría,
cuánto debería, cuánto creo y cuánto importa.
Sé que las respuestas son mías.
Intuyo que estoy siendo miserable conmigo misma.
Nunca me creo todo lo que digo.
Dudo de los que lo hacen.
Aunque a veces los envidio.
Sé que podría hacerlo,
esa sería mi sentencia.
Probablemente ésta también sea una sentencia,
pero me hace sentir viva.
Ahí vuelvo a cero.
Sentirme miserable, me empuja.
Necesito sentirlo.
Sobre eso dudo, estoy buscando otra forma.
Desesperadamente busco otra forma.
La ansiedad me ciega y es la batalla más difícil.
Quiero esperar, poder esperar, dejar ser,
pero la acción, ella depende de mi decisión.
Siempre me queda la intriga de qué decido, cuando decido.
¿Qué decidí antes?
Se me aparecen una tras otras imágenes repetidas,
distorsionadas o no, quién sabe.
¿Qué dejé cuando decidí dejar?
¿Qué elegí cuando supuse elegir?
¿Qué hago cuando creo hacer?
¿Qué puedo cuando digo poder?
¿Qué escribo cuando intento decir?
Me aferro a mi intuición,
por el sólo hecho de aferrarme a algo.
Sé que vas a venir
y aunque lo sepa e intente prepararme
no hay prevención que me salve
del miedo que me da tu cercanía
y ser ante ella, una miserable.
Lo suficiente para dolerme.
Los veo convencidos
y no importa si lo están,
porque los veo.
Me siento miserable,
pensando en cuánto pongo,
cuánto quisiera, cuánto podría,
cuánto debería, cuánto creo y cuánto importa.
Sé que las respuestas son mías.
Intuyo que estoy siendo miserable conmigo misma.
Nunca me creo todo lo que digo.
Dudo de los que lo hacen.
Aunque a veces los envidio.
Sé que podría hacerlo,
esa sería mi sentencia.
Probablemente ésta también sea una sentencia,
pero me hace sentir viva.
Ahí vuelvo a cero.
Sentirme miserable, me empuja.
Necesito sentirlo.
Sobre eso dudo, estoy buscando otra forma.
Desesperadamente busco otra forma.
La ansiedad me ciega y es la batalla más difícil.
Quiero esperar, poder esperar, dejar ser,
pero la acción, ella depende de mi decisión.
Siempre me queda la intriga de qué decido, cuando decido.
¿Qué decidí antes?
Se me aparecen una tras otras imágenes repetidas,
distorsionadas o no, quién sabe.
¿Qué dejé cuando decidí dejar?
¿Qué elegí cuando supuse elegir?
¿Qué hago cuando creo hacer?
¿Qué puedo cuando digo poder?
¿Qué escribo cuando intento decir?
Me aferro a mi intuición,
por el sólo hecho de aferrarme a algo.
Sé que vas a venir
y aunque lo sepa e intente prepararme
no hay prevención que me salve
del miedo que me da tu cercanía
y ser ante ella, una miserable.
martes, 3 de noviembre de 2015
Hubo un tiempo, lo recuerdo.
Había una niña carente de voz y vos.
No había espacio para decir,
entonces había que tragar.
Ella tragaba, recuerdo.
Todos conocen el final ineludible.
La explosión llegó
y brotaron desenfrenadamente
los años de mutismo hechos canción.
Abracé a esa niña, recuerdo.
Lloramos juntas el dolor del abandono,
ya no de alguien sino de nosotras mismas.
Nos hicimos una.
Mujer, sí.
Identidad: no hay falencia que no te constituya.
Pero ahora,
ahora es exceso.
Recuerdo cuando no podía hablar.
Pero ahora, ahora que puedo, es exceso.
Ahora no quiero hablar más.
(Siempre la jodida contradicción)
¿Para qué? ¿Por qué?
No quiero hablar, no así.
Me aburrí de las palabras.
Se usan tanto...
Exceso.
Y escribo, exceso.
Y también me aburro, exceso.
Pero hablar, hablar es distinto.
Y yo me aburrí.
No quiero escucharte,
no es que no me interese, por favor.
Pero no así.
No quiero hablarte,
no es que no me interese, por favor.
Pero no así.
Exceso.
No hace falta, te juro que no.
No hagas caso a éstas palabras,
a ninguna palabra.
Sólo te pido que me veas
sin temor, sin barreras,
que me veas sin excesos.
No es que vayas a ver gran cosa, ni tan poca.
Vas a ver lo único que tengo para dar.
No me interesa usar las palabras para esconderme,
pero es inevitable, ya sabés...
Las palabras no son, las palabras dicen.
Y yo no quiero que digas que me tocás.
Yo quiero que me toques.
Y quiero por supuesto, tocarte también.
(sé que nos tocamos, pero ponemos las palabras en el medio: exceso)
Había una niña carente de voz y vos.
No había espacio para decir,
entonces había que tragar.
Ella tragaba, recuerdo.
Todos conocen el final ineludible.
La explosión llegó
y brotaron desenfrenadamente
los años de mutismo hechos canción.
Abracé a esa niña, recuerdo.
Lloramos juntas el dolor del abandono,
ya no de alguien sino de nosotras mismas.
Nos hicimos una.
Mujer, sí.
Identidad: no hay falencia que no te constituya.
Pero ahora,
ahora es exceso.
Recuerdo cuando no podía hablar.
Pero ahora, ahora que puedo, es exceso.
Ahora no quiero hablar más.
(Siempre la jodida contradicción)
¿Para qué? ¿Por qué?
No quiero hablar, no así.
Me aburrí de las palabras.
Se usan tanto...
Exceso.
Y escribo, exceso.
Y también me aburro, exceso.
Pero hablar, hablar es distinto.
Y yo me aburrí.
No quiero escucharte,
no es que no me interese, por favor.
Pero no así.
No quiero hablarte,
no es que no me interese, por favor.
Pero no así.
Exceso.
No hace falta, te juro que no.
No hagas caso a éstas palabras,
a ninguna palabra.
Sólo te pido que me veas
sin temor, sin barreras,
que me veas sin excesos.
No es que vayas a ver gran cosa, ni tan poca.
Vas a ver lo único que tengo para dar.
No me interesa usar las palabras para esconderme,
pero es inevitable, ya sabés...
Las palabras no son, las palabras dicen.
Y yo no quiero que digas que me tocás.
Yo quiero que me toques.
Y quiero por supuesto, tocarte también.
(sé que nos tocamos, pero ponemos las palabras en el medio: exceso)
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