domingo, 8 de noviembre de 2015

Miserable

A decir verdad, me siento miserable.
Lo suficiente para dolerme.
Los veo convencidos 
y no importa si lo están, 
porque los veo.

Me siento miserable,
pensando en cuánto pongo, 
cuánto quisiera, cuánto podría, 
cuánto debería, cuánto creo y cuánto importa.

Sé que las respuestas son mías.
Intuyo que estoy siendo miserable conmigo misma.

Nunca me creo todo lo que digo.
Dudo de los que lo hacen.
Aunque a veces los envidio.
Sé que podría hacerlo,
esa sería mi sentencia.
Probablemente ésta también sea una sentencia, 
pero me hace sentir viva.

Ahí vuelvo a cero.
Sentirme miserable, me empuja.
Necesito sentirlo.
Sobre eso dudo, estoy buscando otra forma.
Desesperadamente busco otra forma.

La ansiedad me ciega y es la batalla más difícil.
Quiero esperar, poder esperar, dejar ser,
pero la acción, ella depende de mi decisión.
Siempre me queda la intriga de qué decido, cuando decido.
¿Qué decidí antes? 

Se me aparecen una tras otras imágenes repetidas, 
distorsionadas o no, quién sabe.
¿Qué dejé cuando decidí dejar?
¿Qué elegí cuando supuse elegir?
¿Qué hago cuando creo hacer?
¿Qué puedo cuando digo poder?
¿Qué escribo cuando intento decir?

Me aferro a mi intuición,
por el sólo hecho de aferrarme a algo.

Sé que vas a venir 
y aunque lo sepa e intente prepararme
no hay prevención que me salve 
del miedo que me da tu cercanía
y ser ante ella, una miserable.


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