miércoles, 25 de mayo de 2011

Cada vez que acudía a su encuentro
volvía con el alma mutilada.
La última vez fue sólo su cuerpo,
porque los restos de su alma
habían sido devorados
por los buitres de su propio infierno.
Era su crueldad 
la más espantosa calamidad.
Se miraban con desprecio,
con la más inmunda repugnancia.
Jugaban a lanzarse 
al cruel vacío del despojo.
Quedó estupefacta, 
eran ella y su reflejo.
Y él, absuelto. 
Justo miraba para otro lado...

domingo, 22 de mayo de 2011

Sin sonrojo ni vergüenza
me descubro ante sus ojos
La exposición me vuelve 
débil y vulnerable.
En un vaivén me envuelve
me domina, me contempla,
se hunde en mi.
Me vuelvo diminuta,
me pierdo en su ser.
El silencio se cubre
de un coro de inagotable respiración.
Todo se asemeja a uno.
El enredo no reconoce límites.
La piel quema y corre por las venas
un río torpe y acelerado.
El juego culmina en un estruendo mudo,
en un estallido sordo
y todo queda estático por unos segundos...
Luego recuerdas vagamente 
qué era el pudor, pero ya no importa.
Ahora entras en sueño,
casi sin entender cómo fueron uno.
Se vuelven a delinear los límites,
hasta la próxima vez...


(3-10-09)

4 de octubre del 2019