Sin sonrojo ni vergüenza
me descubro ante sus ojos
La exposición me vuelve
débil y vulnerable.
En un vaivén me envuelve
me domina, me contempla,
se hunde en mi.
Me vuelvo diminuta,
me pierdo en su ser.
El silencio se cubre
de un coro de inagotable respiración.
Todo se asemeja a uno.
El enredo no reconoce límites.
La piel quema y corre por las venas
un río torpe y acelerado.
El juego culmina en un estruendo mudo,
en un estallido sordo
y todo queda estático por unos segundos...
Luego recuerdas vagamente
qué era el pudor, pero ya no importa.
Ahora entras en sueño,
casi sin entender cómo fueron uno.
Se vuelven a delinear los límites,
hasta la próxima vez...
(3-10-09)


Me encanta..
ResponderEliminar