jueves, 8 de febrero de 2018



Miserable vergüenza 
de una ocurrencia tímida 
que se esconde, sin dar calor.
Prepotente excusa 
que disimula la posesión 
y fracasa dentro suyo.
Lo que se ama, se comparte.
Lo que se ama necesita espacio para desarrollarse.
Lo que se ama, desafía los limites inevitables.
Quiero ser la neurótica de la consciencia 
recortando la inaccesible soledad,
quien salta entre conceptos
cae en el espacio que los separa,
donde está completamente en el aire
reposando en el vacío
y comprende en pequeño, 
la totalidad.
Sólo se piensa y sólo se vive
en ese estado permanente de multi-unicidad.
Quiero lidiar a contraluz 
jugar con las sombras y los rayos.



Tu energía podría resultar magnética, no tengo dudas.
En la sala corren números y lugares, corre el tiempo contra reloj y corre pesada la espera.
Estoy fatigada pero tu energía podría resultar magnética, ¿dónde están las dudas? 
Las voces a su turno sincronizan los movimientos con un activo letargo, mientras los pies de un extraño van a ocupar el casillero correspondido. 
La tensión intensifica tu energía que podría resultar magnética, tengo dudas.
Llegado el momento cada quien concluye su tarea, las máquinas se apagan y descansan los mecanismos.
El espacio se vuelve manso y vasto.
Podría resultar poesía, como tu energía.
Y por las dudas, podría resultar capricho.



De viento, de agua, de fuego, de tierra,
ser complemento.
Abrazar la labor de los llamados profundos,
guardar la sinuosa búsqueda de los gatos.
Navegar la densidad de los días grises,
percibir el minúsculo movimiento del tiempo muerto.
Absorber los rayos claros,
a veces calmos, otras quebrando el cielo.
Amasar los momentos lúcidos
donde al espejo se reconocen y se encuentran.
Suspirar cuando así se sienta,
afirmarse al colchón de una red,
que teje la osadía de la existencia.


A esta hora miro el cielo desconocido, 
en silencio me mira el sutil reflejo
de unas claras haciendo hueco, 
de recuerdos incipientes
reincidentes por apego, 
disonantes por costumbre,
apegados por frustrantes.
Mientras,
se escuchan los motores a lo lejos,
son las maquinas que tuercen los aires
y las voces que en palabras insistentes
rompen cualquier estado y semblante.
Acá a esta hora,
la soledad confundida
se ensombrece anhelando
brazos, torsos, pies, orejas,
labios, pieles y lunares.
Invisibles los pasos que sigo,
que me siguen dibujando círculos
sobre los que me pregunto
querrán espirales.
Brota desbordante
la caricia compartida
abriendo entre matorrales
un sendero al cultivo,
despejando los rayos,
soltando sentidos.
Caótico remolino,
desconozco el destino
de esta ausencia indescifrable
y mis deseos desarmados.
Si supiera a esta hora
que hacer conmigo,
habría un contigo.

4 de octubre del 2019