domingo, 14 de enero de 2018



Miro detenidamente sus lunares, juego a unirlos entre líneas como excusa para recorrerle el cuerpo entero.

Si existieras para mí en este momento
te dedicaría melodías y unos cuantos jadeos.
Me suspendería mirando cómo tus ojos
buscan las palabras precisas en el horizonte del campo.
Buscaría contarte todo, inventarte más, callarme en calma, para que el silencio nos cubra en un manto apacible.
Te amaría sólo por estar ahí y ser conmigo.
Saldría de la nebulosa y te vería.
Pero todavía estoy desvelada buscando entre máscaras el rostro sin identidad que me salve de la locura de saberme mía, de poseer nada, de desconocerme y no querer nombrarme.
Si existiera para vos en este momento, ya no andaría pérdida en los laberintos de mi cerebro y no habría más trampa que la absurda manía de mirar tus lunares y como estrellas en el cielo, jugar a unirlos para recorrer mil veces tu cuerpo entero, hasta cansarme y dormirme sabiendo sólo de las infinitas formas que se dibujan en tu espalda, viviendo lo suficiente, tranquila y mansa.




El sol y el humo tiñendo en halos, volviéndose espesura, haciendo cuerpo ante los ojos alterados por las sombras que delinean y dan formas.
Lo sutil, el regocijo en la belleza del descubrir una naturaleza vital, como un rayo con su estruendo retumbando en la fisicalidad siempre sorpresiva y trastocada.
¿Cómo será enamorarse ahora?

Cuidado



Dedicación al cultivo profundo
a las caricias de la mañana,
al desperezo lento,
al desenredo temprano.
A los besos escondidos
que furtivos me despiertan
y a mordiscos me estremecen.
A las manos clandestinas
que proveen horizontes
con los pies bien agarrados
y semblante de bisonte.
A los pliegues matutinos
un poco húmedos y tibios.
A los sueños de ojos chinos,
risa fresca y sol entredormido.



4 de octubre del 2019