lunes, 17 de diciembre de 2018

Que lluevan flores


que lluevan flores 
en esos sueños donde se sueña real
donde la humilde consciencia suelta de pretensión 
deja los lazos 
pone al universo a disposición 

que lluevan flores 
sobre mi cabeza,
que rueden los frutos, 
se repartan 
y vuelvan a la tierra 

que lluevan flores 
sobre tu inocencia 
y reavive la magia 
de saber que no se sabe 
más que en la presencia 

lluvia de flores 
silencio de una soledad vieja
junto a las voces ancestrales,
dales aire para que se muevan 

y en la carne de experiencia primera 
florezca en lluvia,
manifiesta primavera 




jueves, 18 de octubre de 2018

Son las tres de la mañana y se festeja un cumpleaños en la casona vieja del barrio. Alicia está parada en medio de unas luces baratas verdes y azules, envuelta en el humo de su propio cigarrillo. Advierte a Martín, que otra vez comienza a acercarse para pararse a su lado y no hablarle. El humo ahora envuelve los dos cuerpos.
Ella, sin girar la cabeza, mantiene los ojos fijos hacia adelante y percibe cómo las manos de Martín se aprietan entre sí. La palma sobre el puño se refriega unas cuantas veces, sube primero hasta el antebrazo, aprieta más fuerte, sube otro tanto y termina por quedarse agarrado apenas por debajo del hombro. Con el pecho cerrado, un poco cabizbajo y una mueca entre incomodidad y vergüenza. Sigue sin emitir sonido y cada tanto la mira, intenta hacerle saber que esta ahí inseguro de estarlo, muestra su acción errática, como si hiciera falta, como si Alicia no supiera, como si él no supiera que Alicia sabe. Existen en un acuerdo tácito que nadie desmiente, pero tampoco admiten.
Se hace la desentendida y se pone a bailar exagerando el gesto de quitarle importancia a ese bloque de tensión que se posó a su lado. Hace que parezca un accidente y provoca un cruce de miradas, se les escapa una sonrisa impulsiva que no saben si es alivio, nervios, ternura o todo eso junto y mezclado.
Sin cambiar de dirección cierra sus ojos, entra en un trance al que lo invita sutilmente en ese mismo código por el que se comunican y se desentienden. Él la mira decidida e intensamente por tres segundos y de manera súbita, rompe el encanto, sale del lugar.
Alicia sólo siente el aire moverse, cuando vuelve de su mambo Martín no está y no hay indicios de su presencia. Ofuscada, busca su vaso de vino y va al baño. Se queda parada frente al espejo y mientras saca un labial para pintarse la boca, se dice:
-Siempre la misma estupidez.

Llovió toda la semana. Las calles están anegadas, de las alcantarillas brota un bullicio intermitente, las zanjas están colapsadas y mi humor también está inundado.
Caminamos por horas en el barro, miro el piso casi todo el tiempo y cada vez que levanto la vista el paisaje es diferente. Una multitud de pequeñas casas amontonadas, todas iguales: la fachada es una ventana, una puerta y techo a dos aguas, se repiten y se suceden, todas juntas son una misma textura en el cuadro. Un campo de tierra fértil, húmedo y vívido, llano y silencioso. Una estepa estéril, amarilla iridiscente, llena de aullidos de alimañas escondidas. Un cañaveral interminable, lineal, sin salida.
Tenés esa manía de significar todo lo que hago, me decís de la mirada al piso... que quiero pasar desapercibida...
A veces te sonrío y te doy la razón, otras me irrito y también te doy la razón y más me irrita.
Para vos es un juego, pero querés ganar, a mi sólo me interesa no patinar y caer de jeta en un charco.
El camino me remonta otra vez a la infancia, eso me confunde.
Es desconocido y familiar al mismo tiempo.
Es ese sueño recurrente, donde los escenarios se mezclan unos encima de otros, es un collage macabro y hermoso que no me deja distinguir racionalmente nada.
Te das vuelta y tu cara es de otro tiempo, llegamos a una casa abandonada y te fascinas sacando fotos. Las paredes tienen más de tres metros de alto, la vista parece nunca alcanzar los techos desmoronados. Están impregnadas de humedad añeja y el aire se vuelve cada vez más denso cuanto más nos adentramos. El piso de madera vieja y podrida, desfondado en varias partes. Persianas llenas de óxido anaranjado, polvo, vidrios rotos, arcadas carcomidas, habitaciones derrumbadas, escaleras de majestuoso mármol blanco y una bañera enorme convertida en un criadero de renacuajos. Un sótano profundo, oscuro, tenebroso, donde es difícil acceder. La entrada es pequeña, la única manera de bajar es dar un salto sin saber dónde se cae y menos cómo se logra salir de ahí. El olor putrefacto cala hasta las entrañas y atravesar el espacio en la oscuridad del subsuelo es la sensación más fiel al miedo que tuve en mi vida.
A mí también me sacas fotos. A veces me agarras distraída, casi siempre poso.
Me aburre que seas predecible, tanto como me angustia no descifrarte.
'La gente que me gusta me molesta' dije el otro día y se rieron.
Yo también me río pero sin gracia, de la angustia, de la ironía.
Seguimos camino y para no ir atrás tuyo me escabullo y te pierdo.
No paro de manifestarme literal e indescifrable, así como me molesta de vos.
Los perros tienen mi cara, los hongos en los árboles también, los pájaros se ríen con mi risa y los gatos maúllan mi nombre.
Todo recortado y pegado, grotesco.
Te las ingenias para encontrarme, o es sólo una casualidad, o una consecuencia. Pero otra vez cambiaste de cara y no sé a quién le hablo. Siempre hacés lo mismo, me encontrás y cambias de cara.
Hay personas que se paralizan por el miedo, yo huyo, me muevo todo el tiempo.
El sol está bajando y no dejamos de caminar, todavía no me entero si hay un destino. Ya pasamos un pastizal, un bosque lleno de musgo y un campo de cardos.

-¿Ahora entendés por qué bailo con los ojos cerrados cuando estás cerca?
Martín, siempre hacés lo mismo, y no se si sos el que se aprieta las manos, el que me saca fotos, el que desaparece mientras bailo o el que pretende ahora que sea razonable, lógica, práctica, concreta.

Está lleno de humo y tus caras cambiantes se desfiguran, se pierden y otra vez todo tiene mi rostro.

Son las cinco de la mañana, siento un mareo insoportable, pero estoy en el trance del que no quiero salir. Las rodillas están tan blandas que no pueden quebrarse, los dedos de las manos son cada vez más largos y se mueven como tentáculos en el agua, la cabeza solo se mece de un lado a otro en un ritmo constante sin golpes, los pies carecen de base firme y sin embargo no dejan de tocar un suelo pantanoso y profundo, todo es elástico y no reconoce el fin.
De vez en cuando hay alguna náusea pasajera, que se resuelve tragando decidida. Tomar agua cada tanto es vital, moverse también, no hay descanso, no hay momento para parar o el detenimiento se comerá al tiempo y junto con el, al humo, las luces baratas y esa casa abandonada donde se festeja el nacimiento de alguien que nadie conoce.

Alicia sale del baño y la secuencia se repite otras veces más, hasta que no para de bailar por unas cuantas horas sin interrupción. La casa quedó vacía, Martin ronda cada tanto y dice palabras pero no se escuchan.
La música se acelera hasta estallar y quedar en un zumbido permanente parecido al silencio.

Las luces se apagan y el cuerpo se me desarma, caigo durante varios minutos y floto al mismo tiempo, estoy sudando frío.
Me despierto con el sol quebrándome la sien, luego de recorrer la médula entera, de abajo hacia arriba, ardiente y lineal. Tengo la cabeza de Martín en el vientre y sus manos heladas sobre mi pecho, llora y balbucea disculpas.

-Martín ya pasó, levantate, vamos que hay que volver. Tu viejo te espera en el taller y yo tengo que ir a vender ropa horrible al local. Vamos, dale, es cuestión de arrancar. Cuando llegue a casa voy a escribir sobre esto y tus fotos van a estar ahí. Siempre me gustaron tus fotos, por eso te dejo que me agarres distraída y cuando puedo poso. Vamos dale, no pasó nada, es cuestión de días y de olvidar.

Martín alza la cabeza, quita las manos del pecho de Alicia, le acaricia la cara y se seca los ojos. Se levantan, caminan callados y sin separarse. El humo se disipa y la vieja casa abandonada queda atrás. Son las ocho de la mañana de un lunes de julio y la vida cotidiana vuelve a su curso con total normalidad.

No vendí nada en toda la mañana, entra al local sólo una señora que revuelve todo y yo siento que hace lo mismo con mi estómago. Habla sin parar, se queja de su cuerpo, del clima, de lo irrespetuosa que es la gente en la calle y no se cuantas cosas más porque dejé de escucharla o todo lo que dice me parece igual.
Camino hasta mi casa, tan rápido como puedo. Llego, prendo un cigarrillo y llamo a Martín. No contesta. Le escribo 'mandame las fotos'.
Pasan tres horas y me responde
'Alicia, ¿cómo estás? tanto tiempo... No sé qué fotos querés que te mande, las que tenía las borré como me pediste la última vez que nos vimos'
Quedo paralizada por varios minutos y otra vez estoy envuelta en humo, en la casa, en el campo, en el barro, en el bosque, con los rostros de Martín y los míos por todos lados, todo pegado. Me ahogo, me caigo, otra vez no, otra vez...
Salgo corriendo. Tomo el camino a la casa abandonada. No siento las piernas que se mueven por inercia, sólo el calor que me está quemando. Paso por el cañaveral, piso los charcos, atravieso el bosque donde los hongos tienen mi cara, me lastimo los brazos pasando entre los cardos. Llego, me desvanezco. Me despierto y es de noche. Estoy fría, sucia y con varios raspones. Escucho la voz de Martín que me llama desde el sótano, me levanto rápido. Está ahí, supo que fui, no sé cómo pero lo supo y me hizo un chiste hoy a la tarde cuando hablamos. Está ahí. Salto para entrar al lugar del miedo.
-Martín, sabía que ibas a venir. Bueno en realidad no lo sabía, pero ¿por algo estoy acá, no? Lo sabía sin saber, vos me entendés. Acá no se ve nada, vamos afuera, no me gusta estar acá, pero me tranquiliza si estás vos. Martín... Martín...
El silencio dura una eternidad, lanzo manotazos buscandoté y lo único que consigo es chocarme telarañas y paredes húmedas. Me tiembla todo el cuerpo, grito y lloro desesperada hasta que me canso. Me tomás las manos y grito con las últimas fuerzas que me quedan, me abrazo a vos y lloro un poco más. Me cantas bajito al oído una canción que cantaba en mi infancia, tenés mi voz, te recorro con mis manos y también tenes mi cuerpo. Te suelto espantada y trepo la pared para salir. Salis atrás mío, me pedís que frene. Me doy vuelta, tenés mi cara. Volves a tomar mis manos y mi miras fijo con tus ojos que son los míos y decís:
-Alicia, tenés que entenderlo: no existimos más que en vos.

domingo, 22 de julio de 2018

Un día sin saber cómo
Un segundo sin nombre
Un lapso sin tiempo
Una coincidencia sin preámbulo
Una constante sin detenimiento
Una invitación sin dirección
Un mapa sin caminos
Una montaña sin pavor
Un miedo sin dueño
Un sueño sin voz
Dos cuerpos y un mismo calor
Adentro lo incesante
Afuera la pausa
Un cauce que me lleva a vos
Un yo que se des-arma
buscando paz y libertad
Abrime los brazos,
dejame descansar
La noche es larga
El frío detuvo mis dedos
La piel blanca quiere enrojecer
Mis oídos sólo escuchan suspiros
junto al aire penetrando sentidos
En el silencio el rumor es claro
Dice llamarse amor

jueves, 12 de julio de 2018

Hace 5 semanas

Hay una estúpida secuencia
que no puedo dejar de repetir 

Resolver con soltura
y aplomo aparente

No te confundas
la guerra es conmigo

Aparecen tus rostros infiltrados
se pasean y el sueño se vuelve suave

Afuera es domingo
me niego a sentir extrañarte





miércoles, 11 de julio de 2018

Oda al movimiento

Deslizar entre las yemas de los dedos
y tocar una célula nerviosa
Grandes masas con el aire confluyendo
viajando de peso en peso
Adrenalina de lo incierto
innombrable de múltiples rodeos
Potencia que se abre
dando a luz al mundo entero
Lleno de muerte, lleno de vida
un espiral de infinito movimiento

lunes, 9 de julio de 2018

Luna en géminis tiempo cáncer

Las palabras son la seducción
de aquello que brota y subyace bajo la piel
La magia es la poesía transitando
el devenir de lo incierto
Tan complejo como el universo
Tan simple como un beso


En la densidad, 
tragar el vino. 
Desear que con tu fervor 
rompas todo 
y habites el costado manso 
que pide caricias 
y un respiro, 
un suspiro.
Agites las aguas 
y calmes las ansias, 
cruces las fronteras 
y delimites el horizonte, 
dibujando, 
danzando, 
creando.





domingo, 24 de junio de 2018

Múltiples estados y raíces
atravesando distintos planos.

El fuego bajo el frío,
fuerza radiante.

(alumbra la noche más oscura)

Un paso al inconsciente,
movimiento permanente.

Ganan luz, descubren sombras,
se ve la desnudez.

Amplian posibilidades,
para aprender a sembrar.

Honran la muerte,
para nutrir profunda vida.

lunes, 28 de mayo de 2018

Sobre el miedo a la locura

Caminar al borde del pozo,
al filo del vértigo en estado de alerta permanente
para no caer, para no levantarme.
Recuerdo que borré la memoria de los 7 años
por especulación creo que ahí nació el miedo.
En adelante se repite una constante,
un nunca saber, no poder definir.
Seguidilla por inercia, cueste lo que cueste.
La línea se quiebra cuando descubro la trampa.
Busco sacar la cabeza ante la mínima desesperación,
no me dejo sumergir, ni me meto al fondo a ver que hay.
Acto inconsciente,
con las manos temblando salen algunas palabras.
Atisbo y hallazgo.
Algo se desprende con voz partida,
tumbo el cuerpo boca abajo,
un sollozo lleno de ira.
Me abrazo, me acaricio,
me doy calma y consuelo en el duelo.


Ahí mismo donde nací,
sucede reconocer.
Expansión transversal,
tierra fértil,
casa,
manos,
árbol.
Subo al caos,
las luces me confunden.
Giro,
torsión,
elevación.














jueves, 10 de mayo de 2018

Gris


Empezando por tus palabras
ellas no determinan nada.
Al otro lado mis oídos tercos
ellos insisten en escuchar para de agarrarse algo.
Amor gris, opaco, melancólico,
sin terminar de morir ni atreviéndose a salir.
Gris el cielo que no se abre y nos da la lluvia incesante.
Ni frío ni calor.
Duermo gris
ni tan profundo, ni tan fácil de salir.
Gris camino y transito,
en el medio de algo,
en medio de otra cosa: no distingo.
Gris monotonía
transcurrir de los días siempre igual,
siempre lo mismo.
Voluntad a medias,
sesgada, en cuentagotas,
parcial, indefinida: gris.
Masa blanda, amorfa,
homogénea, mojada,
empapada, indiscernible.
En el caos de las ficciones monetarias,
las verdades de hambre real,
crujen en los estómagos,
duelen en los pies desnudos,
en los cerebros con necesidades insoportables.
Se confunden, se mezclan, se apaciguan,
no estallan, no paran, no dejan, no toman,
es desidia involuntaria.
Todo pegado:
los autos, el asfalto,
el agua de lado a lado, el barro afuera y adentro,
la sábanas y el aliento, la ropa al cuerpo,
las voces y los quejidos,
los puñales y los cumplidos.

Todo
pegado,
menos vos
y yo.

8 de mayo de 2018

Los días son ajenos y las sombras se retuercen.
La humedad lo impregna todo: la tierra, tus manos, el pelo, la respiración, los poros, el sexo.
Veo la piel deslizar en el barro y no comprendo como es que por fuera de esa esfera de belleza terrenal, el mundo se cae a pedazos vaticinando el desastre.
Doble consciencia, todo el tiempo.
Entre la inocencia de quien ama y las estrategias de quien se cuida.
Las horas perpetuas de la noche tranquila, del fuego ardiendo apacible y el silencio haciendo eco de las pulsaciones internas.
El campo a cielo abierto despejado, uniendo el horizonte en una sola linea que se fuga infinita.
Tu cuerpo, un sólo flujo de energía viajando exactamente a ocupar los lugares vacíos, escurriendosé sin vacilar, con suave determinación.
Estoy sentada sobre un tronco húmedo, como la tierra, tus manos, el pelo, la respiración, los poros y el sexo.
Pasmada de admiración al observar y sentir los fluidos del placer estético de la contemplación.
Aunque esté ocupando un lugar por dentro, algo se escapa y juego al vaivén de estar y no estar, de expandirme y ser una nimiedad.

jueves, 26 de abril de 2018

Estaba inspirada, pensando en amores,
en ponerle palabras a los ojos negros que miraría horas embobada.
Estaba tranquila, empapada del misterio entre el desapego y el deseo.
Me interrumpe, un tipo con las preguntas equivocadas,
me toca el nervio sensible, cuestionando a las que faltan. 
Escribo mil respuestas, me doblego para no humillarte,
me muerdo los labios,
detengo mis dedos para no herirte y exponerme al mismo tiempo.
Aprieto los dientes y la mandíbula se tensa,
trago bronca y asco en nombre de todas las compañeras.
Insensible macho, estúpido títere, me venís a correr a mí.
A mí que estoy enamorada,
intentando decir algo sobre el aprendizaje de amar sanamente.
Me revolvés el estómago
y me acuerdo que existen mierdas como vos
haciendo más difícil este proceso de empatía,
este desafío de desterrar el odio.
Pero puedo, vos no sos más fuerte.
Sos el débil inútil, que ataca el lugar equivocado.
Que te rebote la estupidéz y te rompa la frente,
a ver si así entendés dónde no te podés meter.
Porque no tenés lugar, porque acá no entrás.
Ni siquiera lo intentes.
Yo voy a amar igual,
aunque tenga que doblegarme
y morderme los labios un poco más.
Aunque no escriba todos los insultos que me inspiras.
No voy a reproducir tu odio, de el voy a crear.
Para volver a mi fuente
y a esos ojos negros de los que quería hablar.
Aprendiendo que el lugar que elijo es donde quiero estar.
A pedir por tu alma miserable que poco se quiere.
A enamorarme sin que giles como vos me increpen.
Ni siquiera lo intentes, el amor siempre vence.

martes, 24 de abril de 2018

No proyectes más.
Si vas a amar y aceptar al otro, hacelo.
No lo culpes de los límites que ninguno supo construir, no descargues tus frustraciones en lo que el otro debería ser.
Si lo amás no lo destruyas, aceptalo, integralo, respetalo.
El juicio es tuyo y el otro no te obliga a acompañarlo, ni a que te hagas cargo de su mambo. Soltalo, no sos la resolución de nadie.
Si vas a ayudar hacelo entendiendo el proceso del otro, viéndolo, escuchándolo con sinceridad, sin apego posesivo, con amor que trascienda, con ese amor que tenes miedo a perder, no lo destruyas con tu ego.
No contamines lo simple y lo bello.
Nadie te pide que esperes, nadie te obliga, no te pongas de obstáculo de tu propio camino.
No cedas cuando te hace daño, respetate y vas a poder respetar.
El otro es el reflejo y nuestras frustraciones son todo eso que no podemos integrar. Paciencia, cuando estés ahí en la reacción no te juzgues, pero tampoco le des lugar a tu ego que quiere separatividad.
Aceptá el vaivén, aceptá el proceso, que es continuo, cíclico, lleno de avances y retrocesos. Es la dinámica vital, del cuerpo, de la tierra, del universo, de nuestra mente, nuestro inconsciente y mundo emocional.
Estás viva y cuando más conectes a esa energía más fluido el transcurrir.

domingo, 22 de abril de 2018

La espera, un estado fatídico y mentiroso.
No espero un resultado, ni un llamado, ni una palabra, ni una atención.
Me espero, mientras transito un camino ineludible, el que sabe que cuando te encuentres esperando, estás yendo inexorablemente a irte, porque estas abandonada por vos misma por no darte eso que nadie más te puede dar: un resultado, un llamado, una palabra, una atención.
Esa es la primer arista, espero si me concibo esperando, no importa que suceda, no te espero. Me doy un resultado, un llamado, una palabra, una atención.
Segunda arista: Compartir. Una necesidad y al mismo tiempo un deseo caprichoso: quiero que sea con quien yo quiero que sea. Roza la estupidez.
La lógica me juega en contra, hubo algo que encendió ese deseo y fue compartir, el problema nace de la solución de la que ahora carezco y sufro por ello. Al mismo tiempo, si no hay lugar es absurdo desear, la lógica se sigue riendo. El alimento es la esperanza, que viene de la primer arista: la espera.
Esperar que las puertas se abran, esperar a tener lugar. Pero nada te voy a pedir, porque no se pide, sólo nace ¡Sólo surge! ¡Ni siquiera tiene sentido problematizar!
Tercer arista: no resolver las aristas anteriores y caer en la pérdida. Del tiempo, la energía, la autoestima, la paciencia, la espera, el deseo.
Todo se pierde y muere lentamente.
Perdí hasta la tristeza, de qué vale ponerse triste ante tal plano lógico, ante tales cuadros conceptuales que lo explican todo, ante las respuestas que me doy, con los resultados, los llamados, las palabras, la atención. Sí señoras y señores! Ya no necesito siquiera escribir sobre el tema.
Cuarta arista: mentirse impunemente en el intento de olvidar lógicamente aquello que no tiene un sólo plano de existencia. Me metí en un quilombo. Y tengo sueño y cansancio del hambre de ese resultado, ese llamado, esa palabra, esa atención.
Quinta arista: volver al abandono de todo intento. Dejar en reposo la angustia, vaciarse de cualquier espera, de cualquier resultado, llamado, palabra, atención. Vaciarse del deseo, de las explicaciones, de la justificación. Vaciarse de las aristas, la lógica, la pérdida, del abandono. Vaciarse del vacío.
Vivir y dejar que el transcurso me vacíe por completo de vos, de la imagen de vos, de los besos de vos, del anhelo de vos, de la manía de vos. Dejarte y que seas un aire que queda en todo y se vuelve nada y tome la forma de un resultado, un llamado, una palabra, una atención de vos.


miércoles, 18 de abril de 2018

A veces mansa y dócil, sumisa a la fuerza.
Maleable, blanda, permeable, discreta.
Contundente, rígida, tajante, fija.
Fría, modesta, fuerte y precisa.
Insulsa, insípida, invisible, desapercibida.
Iracunda, posesiva, hiriente, destructiva.
Alegre, fecunda, empática, inclusiva.
A veces abierta, receptiva, amorosa,
libre, creadora, mimosa, pero ansiosa.
Clara, oscura, desde el fondo y la locura.
Movediza, curiosa, insistente, desidiosa.
Terca, inconstante, perseverante, inconclusa.
A veces determinista, otras confusa.
Todas las aristas me hacen y no es ninguna.

A veces juego a todos los roles,
en los altibajos de una existencia indefinida.
Es tan agotador, que dejaría de ser yo.
Los espejos se presentan y se rebelan,
la realidad me cachetea
y cuando estoy vulnerable me increpan,
deshacen los muros como si abrieran capullos.
"Es sólo amor", me dice la voz interna.
Al oírla la aplastaría con todas mis fuerzas.
Para que se calle, para que no opine,
para que no me descubra otra vez expuesta.
Para no emprender otra vez, la absurda tarea
de desandar lo que no hice.
Porque a veces valiente para el duelo
y otras tantas débil sin consuelo para el desenfreno.
De saberme también desconfiada y miedosa,
conmigo misma miserable, irrespetuosa.

Narcisista, altruísta, complaciente, egoísta.
Caprichosa, seductora, vitalista, fatalista.
Egocéntrica, simplista, controlada, rupturista.
Indagante, vengadora, dadora, poca bola.
Activa, negativa, impulsora, represora.
Jetona, silenciosa, demostrativa, escondedora.
Aniñada, responsable, irónica y suave.
Arriesgada, conformista, insaciable y cobarde.
Tipa seria y descreída, soñadora, misticista.
Con un beso soy la gloria, con ausencia soy bien forra.
Coherente y contradictoria, busco un eje y una guía.
Que me salve de la manía de quererte
y al mismo tiempo saberme mía.

jueves, 5 de abril de 2018

Todavía no aprendimos a cuidar el potencial que tenemos, por eso se ha vuelto a pudrir.
Quedó tapado, vedado por la indecisión y la falta de olfato.
Una y otra vez.
Repetición y hábitos.
Tomamos lo peor de nuestro pasado para reiterarnos y proliferar esta desidia que nos desencuentra, nos aparta, nos separa.
No sabemos como hacerlo, buscando la manera.
No funcionamos más que en un imaginario, más que en la mentira de no molestarnos.
Por eso abandono este lugar, para limpiar la olla escondida y sacar afuera lo echado a perder.
Para abonar la tierra y que los pedazos muertos sean parte de la nueva vida.
El desapego me obliga.
Por amor, a vos, a mí, a lo nuestro que dejamos morir.
Mañana al despertar seremos la liberación de los restos de hoy.

martes, 3 de abril de 2018

Incontables veces rondó esa idea en mi cabeza. Intenté definirla, protegerla, salvarla y también destruirla.
Escribí interminables líneas, esperé largas noches, tuve sueños que supuse reveladores. Me embriagué buscando la respuesta a su nombre, entre el éxtasis y la locura.
Mereció el tiempo y la energía de mis días, para que ahora se dibuje en un estado constante de credulidad.
¿Acaso podría hacer otra cosa?
Más que abandonarme al buceo, volviendo a un inicio interno, a la premisa primera, a esa idea fundante. A una célula originaria que nombro amor. Porque quiero, porque elijo, porque es mi resignación o mi mayor redención.
Necesito decirlo, aclararlo, despejarlo.
Si llegué hasta acá es por su potencia que me habita y me empuja; y porque para vivirla, para entregarse, para atreverse a renacer y volverse desnuda, hay que sacudir los restos muertos y lanzarse a la osadía de un nuevo tiempo: fértil y desconocido.
Todo está por hacerse, por fundarse. Tengo que aprender a caminar como un ciego con los sentidos internos bien despiertos. Amiga de la oscuridad, cuando vuelva el día, las claras me darán un nuevo fuego.
Ahora estoy en el silencio, en la ausencia de pretextos para decir algo. Haciendo espacio. Limpiando y habitando el vacío. Sin foco, sin tópico. Dejando que todo se mueva en una sutil vibración que quizás te adivine y te resuene. Parecido al momento previo del inicio, a la antesala de máxima tensión, antes que se produzca el estallido y seamos manifestación.

martes, 27 de marzo de 2018

Hoy fui triste,
sin remate
triste a secas
triste gris
triste en paz
Hoy renegué de mi tristeza
le hice la guerra
me enredé
en un espiral
repudié mi propia tristeza
y me hizo más triste
Volví al refugio
al escondite más profundo
escondí la cabeza
grité y fue mudo
Hoy viví triste
amé triste
quise triste
hablé triste
lloré triste
caminé triste
comí triste
tragué triste
Mordí y mastiqué tristeza
ahora la digiero
dejo que me inspire
triste belleza
Toco un poco el fondo
muevo el lodo
y estoy cansada
dando el salto triste
de quien espera
un mañana
Escribo triste
para recordar
que no se esperar
y para hacer de la tristeza
un fundamento
que me lance a bucear
para abrazarme
y saberme triste
en algún lugar
como una parte más
y nada más
nada más.
Al encuentro
en lugares
y situaciones
repetidas.
Caminado otra vez
el mismo sendero
cuando se supone
había cruzado

Pero los caminos engañosos
nos reflejan
y de un cachetazo
nos demuestran
que no somos los mismos,
nuestros pasos han cambiado
somos perfectos desconocidos

Sólo una línea queda
trazando el recorrido
haciendo garabatos confusos
dibujando el motivo

Lo creamos, nos crea,
lo creemos
para no morir

jueves, 8 de febrero de 2018



Miserable vergüenza 
de una ocurrencia tímida 
que se esconde, sin dar calor.
Prepotente excusa 
que disimula la posesión 
y fracasa dentro suyo.
Lo que se ama, se comparte.
Lo que se ama necesita espacio para desarrollarse.
Lo que se ama, desafía los limites inevitables.
Quiero ser la neurótica de la consciencia 
recortando la inaccesible soledad,
quien salta entre conceptos
cae en el espacio que los separa,
donde está completamente en el aire
reposando en el vacío
y comprende en pequeño, 
la totalidad.
Sólo se piensa y sólo se vive
en ese estado permanente de multi-unicidad.
Quiero lidiar a contraluz 
jugar con las sombras y los rayos.



Tu energía podría resultar magnética, no tengo dudas.
En la sala corren números y lugares, corre el tiempo contra reloj y corre pesada la espera.
Estoy fatigada pero tu energía podría resultar magnética, ¿dónde están las dudas? 
Las voces a su turno sincronizan los movimientos con un activo letargo, mientras los pies de un extraño van a ocupar el casillero correspondido. 
La tensión intensifica tu energía que podría resultar magnética, tengo dudas.
Llegado el momento cada quien concluye su tarea, las máquinas se apagan y descansan los mecanismos.
El espacio se vuelve manso y vasto.
Podría resultar poesía, como tu energía.
Y por las dudas, podría resultar capricho.



De viento, de agua, de fuego, de tierra,
ser complemento.
Abrazar la labor de los llamados profundos,
guardar la sinuosa búsqueda de los gatos.
Navegar la densidad de los días grises,
percibir el minúsculo movimiento del tiempo muerto.
Absorber los rayos claros,
a veces calmos, otras quebrando el cielo.
Amasar los momentos lúcidos
donde al espejo se reconocen y se encuentran.
Suspirar cuando así se sienta,
afirmarse al colchón de una red,
que teje la osadía de la existencia.


A esta hora miro el cielo desconocido, 
en silencio me mira el sutil reflejo
de unas claras haciendo hueco, 
de recuerdos incipientes
reincidentes por apego, 
disonantes por costumbre,
apegados por frustrantes.
Mientras,
se escuchan los motores a lo lejos,
son las maquinas que tuercen los aires
y las voces que en palabras insistentes
rompen cualquier estado y semblante.
Acá a esta hora,
la soledad confundida
se ensombrece anhelando
brazos, torsos, pies, orejas,
labios, pieles y lunares.
Invisibles los pasos que sigo,
que me siguen dibujando círculos
sobre los que me pregunto
querrán espirales.
Brota desbordante
la caricia compartida
abriendo entre matorrales
un sendero al cultivo,
despejando los rayos,
soltando sentidos.
Caótico remolino,
desconozco el destino
de esta ausencia indescifrable
y mis deseos desarmados.
Si supiera a esta hora
que hacer conmigo,
habría un contigo.

domingo, 14 de enero de 2018



Miro detenidamente sus lunares, juego a unirlos entre líneas como excusa para recorrerle el cuerpo entero.

Si existieras para mí en este momento
te dedicaría melodías y unos cuantos jadeos.
Me suspendería mirando cómo tus ojos
buscan las palabras precisas en el horizonte del campo.
Buscaría contarte todo, inventarte más, callarme en calma, para que el silencio nos cubra en un manto apacible.
Te amaría sólo por estar ahí y ser conmigo.
Saldría de la nebulosa y te vería.
Pero todavía estoy desvelada buscando entre máscaras el rostro sin identidad que me salve de la locura de saberme mía, de poseer nada, de desconocerme y no querer nombrarme.
Si existiera para vos en este momento, ya no andaría pérdida en los laberintos de mi cerebro y no habría más trampa que la absurda manía de mirar tus lunares y como estrellas en el cielo, jugar a unirlos para recorrer mil veces tu cuerpo entero, hasta cansarme y dormirme sabiendo sólo de las infinitas formas que se dibujan en tu espalda, viviendo lo suficiente, tranquila y mansa.




El sol y el humo tiñendo en halos, volviéndose espesura, haciendo cuerpo ante los ojos alterados por las sombras que delinean y dan formas.
Lo sutil, el regocijo en la belleza del descubrir una naturaleza vital, como un rayo con su estruendo retumbando en la fisicalidad siempre sorpresiva y trastocada.
¿Cómo será enamorarse ahora?

Cuidado



Dedicación al cultivo profundo
a las caricias de la mañana,
al desperezo lento,
al desenredo temprano.
A los besos escondidos
que furtivos me despiertan
y a mordiscos me estremecen.
A las manos clandestinas
que proveen horizontes
con los pies bien agarrados
y semblante de bisonte.
A los pliegues matutinos
un poco húmedos y tibios.
A los sueños de ojos chinos,
risa fresca y sol entredormido.



4 de octubre del 2019