jueves, 26 de abril de 2018

Estaba inspirada, pensando en amores,
en ponerle palabras a los ojos negros que miraría horas embobada.
Estaba tranquila, empapada del misterio entre el desapego y el deseo.
Me interrumpe, un tipo con las preguntas equivocadas,
me toca el nervio sensible, cuestionando a las que faltan. 
Escribo mil respuestas, me doblego para no humillarte,
me muerdo los labios,
detengo mis dedos para no herirte y exponerme al mismo tiempo.
Aprieto los dientes y la mandíbula se tensa,
trago bronca y asco en nombre de todas las compañeras.
Insensible macho, estúpido títere, me venís a correr a mí.
A mí que estoy enamorada,
intentando decir algo sobre el aprendizaje de amar sanamente.
Me revolvés el estómago
y me acuerdo que existen mierdas como vos
haciendo más difícil este proceso de empatía,
este desafío de desterrar el odio.
Pero puedo, vos no sos más fuerte.
Sos el débil inútil, que ataca el lugar equivocado.
Que te rebote la estupidéz y te rompa la frente,
a ver si así entendés dónde no te podés meter.
Porque no tenés lugar, porque acá no entrás.
Ni siquiera lo intentes.
Yo voy a amar igual,
aunque tenga que doblegarme
y morderme los labios un poco más.
Aunque no escriba todos los insultos que me inspiras.
No voy a reproducir tu odio, de el voy a crear.
Para volver a mi fuente
y a esos ojos negros de los que quería hablar.
Aprendiendo que el lugar que elijo es donde quiero estar.
A pedir por tu alma miserable que poco se quiere.
A enamorarme sin que giles como vos me increpen.
Ni siquiera lo intentes, el amor siempre vence.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

4 de octubre del 2019