jueves, 10 de mayo de 2018

8 de mayo de 2018

Los días son ajenos y las sombras se retuercen.
La humedad lo impregna todo: la tierra, tus manos, el pelo, la respiración, los poros, el sexo.
Veo la piel deslizar en el barro y no comprendo como es que por fuera de esa esfera de belleza terrenal, el mundo se cae a pedazos vaticinando el desastre.
Doble consciencia, todo el tiempo.
Entre la inocencia de quien ama y las estrategias de quien se cuida.
Las horas perpetuas de la noche tranquila, del fuego ardiendo apacible y el silencio haciendo eco de las pulsaciones internas.
El campo a cielo abierto despejado, uniendo el horizonte en una sola linea que se fuga infinita.
Tu cuerpo, un sólo flujo de energía viajando exactamente a ocupar los lugares vacíos, escurriendosé sin vacilar, con suave determinación.
Estoy sentada sobre un tronco húmedo, como la tierra, tus manos, el pelo, la respiración, los poros y el sexo.
Pasmada de admiración al observar y sentir los fluidos del placer estético de la contemplación.
Aunque esté ocupando un lugar por dentro, algo se escapa y juego al vaivén de estar y no estar, de expandirme y ser una nimiedad.

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