Abrazo la ausencia de los días pasados y venideros.
Con eso construyo la imagen de lo desconocido.
Dejé de buscar en rostros ajenos, lo que resulta inefable
y sólo encuentro cuando miro hacia adentro.
Me reconozco en las falencias,
ellas me han dado mucho más que dimensiones vacuas.
Desestimo las promesas de los miserables.
Tanto como estimo los actos genuinos,
en donde se entrega un pedazo de alma en carne viva.
Si callo, no es por omisión.
Simplemente, dejé de creer en las palabras,
que todo lo nombran, todo lo etiquetan,
en un conjunto insulso que no roza ni cerca
a lo que siento y traspasa, ignorando los límites del cuerpo.
miércoles, 24 de junio de 2015
lunes, 1 de junio de 2015
Todo lo que me es imposible nombrar,
está presente en ese espacio que se teje sin saberlo.
Del otro lado, los pies que acarician al viento
y al susurro de un sueño colectivo implorando realizarse.
está presente en ese espacio que se teje sin saberlo.
Del otro lado, los pies que acarician al viento
y al susurro de un sueño colectivo implorando realizarse.
Los sentidos trastocados y unos dedos perdidos explorando un sendero desconocido, con la certeza plena de un ciego que confía en las fascias más profundas.
Mientras tanto, me visitan sin asombro los halos conocidos.
Aún sabiendo que hacer con ellos, me quedo suspensa como si fuera la primera vez.
Aún sabiendo que hacer con ellos, me quedo suspensa como si fuera la primera vez.
Siempre es la primera vez.
Algo se hizo carne: Dejé de rascarme las cascaritas, pensé...
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