Abrazo la ausencia de los días pasados y venideros.
Con eso construyo la imagen de lo desconocido.
Dejé de buscar en rostros ajenos, lo que resulta inefable
y sólo encuentro cuando miro hacia adentro.
Me reconozco en las falencias,
ellas me han dado mucho más que dimensiones vacuas.
Desestimo las promesas de los miserables.
Tanto como estimo los actos genuinos,
en donde se entrega un pedazo de alma en carne viva.
Si callo, no es por omisión.
Simplemente, dejé de creer en las palabras,
que todo lo nombran, todo lo etiquetan,
en un conjunto insulso que no roza ni cerca
a lo que siento y traspasa, ignorando los límites del cuerpo.
miércoles, 24 de junio de 2015
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