Todo lo que me es imposible nombrar,
está presente en ese espacio que se teje sin saberlo.
Del otro lado, los pies que acarician al viento
y al susurro de un sueño colectivo implorando realizarse.
está presente en ese espacio que se teje sin saberlo.
Del otro lado, los pies que acarician al viento
y al susurro de un sueño colectivo implorando realizarse.
Los sentidos trastocados y unos dedos perdidos explorando un sendero desconocido, con la certeza plena de un ciego que confía en las fascias más profundas.
Mientras tanto, me visitan sin asombro los halos conocidos.
Aún sabiendo que hacer con ellos, me quedo suspensa como si fuera la primera vez.
Aún sabiendo que hacer con ellos, me quedo suspensa como si fuera la primera vez.
Siempre es la primera vez.
Algo se hizo carne: Dejé de rascarme las cascaritas, pensé...

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