No da igual.
Posarse en unos ojos y dejar traslucir algo más que un instante de visiones apartadas.
Permanecer y regalar el tiempo de diálogos desconocidos, para adentrarse en los sonidos que se entregan.
Dejar provocar al tacto los sentidos, construir la intimidad de los lugares escondidos para dar luz a los abismos.
No da igual.
Apelar al un silencio lapidario, justificarse en ausencias desentendidas y recrearse en etiquetas sin identidad.
Volverse impenetrable tras facetas divertidas y aislar los gestos que desnudan el costado frágil que es negado.
Levantar los muros del orgullo y quedar a la espera de embarcaciones hechas por otros.
No, no da igual.
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