No fui hecha para llevar ira,
ahora me habita un rincón y la desprecio.
Si alguien pudiera adivinar al mirarme, que sólo necesito un abrazo dispuesto a recibir la ternura de mi inocencia.
Me olvido las palabras, voy un paso adelante sin poder permanecer en este estado de ansiedad que me consume.
Todo transcurre tan deprisa y yo esperando no se qué, esperando todo eso que no existe.
Los que han pasado, sólo han pasado y envidio su capacidad de reconstruirse. Mientras estoy anclada en esos tiempos, anclada en las grietas pasajeras sin poder dar el salto al otro lado.
Sueño a cada instante con ese espacio que me acobije.
jueves, 7 de mayo de 2015
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