La espera, un estado fatídico y mentiroso.
No espero un resultado, ni un llamado, ni una palabra, ni una atención.
Me espero, mientras transito un camino ineludible, el que sabe que cuando te encuentres esperando, estás yendo inexorablemente a irte, porque estas abandonada por vos misma por no darte eso que nadie más te puede dar: un resultado, un llamado, una palabra, una atención.
Esa es la primer arista, espero si me concibo esperando, no importa que suceda, no te espero. Me doy un resultado, un llamado, una palabra, una atención.
Segunda arista: Compartir. Una necesidad y al mismo tiempo un deseo caprichoso: quiero que sea con quien yo quiero que sea. Roza la estupidez.
La lógica me juega en contra, hubo algo que encendió ese deseo y fue compartir, el problema nace de la solución de la que ahora carezco y sufro por ello. Al mismo tiempo, si no hay lugar es absurdo desear, la lógica se sigue riendo. El alimento es la esperanza, que viene de la primer arista: la espera.
Esperar que las puertas se abran, esperar a tener lugar. Pero nada te voy a pedir, porque no se pide, sólo nace ¡Sólo surge! ¡Ni siquiera tiene sentido problematizar!
Tercer arista: no resolver las aristas anteriores y caer en la pérdida. Del tiempo, la energía, la autoestima, la paciencia, la espera, el deseo.
Todo se pierde y muere lentamente.
Perdí hasta la tristeza, de qué vale ponerse triste ante tal plano lógico, ante tales cuadros conceptuales que lo explican todo, ante las respuestas que me doy, con los resultados, los llamados, las palabras, la atención. Sí señoras y señores! Ya no necesito siquiera escribir sobre el tema.
Cuarta arista: mentirse impunemente en el intento de olvidar lógicamente aquello que no tiene un sólo plano de existencia. Me metí en un quilombo. Y tengo sueño y cansancio del hambre de ese resultado, ese llamado, esa palabra, esa atención.
Quinta arista: volver al abandono de todo intento. Dejar en reposo la angustia, vaciarse de cualquier espera, de cualquier resultado, llamado, palabra, atención. Vaciarse del deseo, de las explicaciones, de la justificación. Vaciarse de las aristas, la lógica, la pérdida, del abandono. Vaciarse del vacío.
Vivir y dejar que el transcurso me vacíe por completo de vos, de la imagen de vos, de los besos de vos, del anhelo de vos, de la manía de vos. Dejarte y que seas un aire que queda en todo y se vuelve nada y tome la forma de un resultado, un llamado, una palabra, una atención de vos.
domingo, 22 de abril de 2018
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