No proyectes más.
Si vas a amar y aceptar al otro, hacelo.
No lo culpes de los límites que ninguno supo construir, no descargues tus frustraciones en lo que el otro debería ser.
Si lo amás no lo destruyas, aceptalo, integralo, respetalo.
El juicio es tuyo y el otro no te obliga a acompañarlo, ni a que te hagas cargo de su mambo. Soltalo, no sos la resolución de nadie.
Si vas a ayudar hacelo entendiendo el proceso del otro, viéndolo, escuchándolo con sinceridad, sin apego posesivo, con amor que trascienda, con ese amor que tenes miedo a perder, no lo destruyas con tu ego.
No contamines lo simple y lo bello.
Nadie te pide que esperes, nadie te obliga, no te pongas de obstáculo de tu propio camino.
No cedas cuando te hace daño, respetate y vas a poder respetar.
El otro es el reflejo y nuestras frustraciones son todo eso que no podemos integrar. Paciencia, cuando estés ahí en la reacción no te juzgues, pero tampoco le des lugar a tu ego que quiere separatividad.
Aceptá el vaivén, aceptá el proceso, que es continuo, cíclico, lleno de avances y retrocesos. Es la dinámica vital, del cuerpo, de la tierra, del universo, de nuestra mente, nuestro inconsciente y mundo emocional.
Estás viva y cuando más conectes a esa energía más fluido el transcurrir.
martes, 24 de abril de 2018
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