Todavía no aprendimos a cuidar el potencial que tenemos, por eso se ha vuelto a pudrir.
Quedó tapado, vedado por la indecisión y la falta de olfato.
Una y otra vez.
Repetición y hábitos.
Tomamos lo peor de nuestro pasado para reiterarnos y proliferar esta desidia que nos desencuentra, nos aparta, nos separa.
No sabemos como hacerlo, buscando la manera.
No funcionamos más que en un imaginario, más que en la mentira de no molestarnos.
Por eso abandono este lugar, para limpiar la olla escondida y sacar afuera lo echado a perder.
Para abonar la tierra y que los pedazos muertos sean parte de la nueva vida.
El desapego me obliga.
Por amor, a vos, a mí, a lo nuestro que dejamos morir.
Mañana al despertar seremos la liberación de los restos de hoy.
jueves, 5 de abril de 2018
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