jueves, 30 de diciembre de 2010

¿Amor?

Aquello que nos moviliza, aquello que entristece si no está.
Es el amor, en todas sus formas y maneras.
No importan los años, tamaños y lugares, todos lo sentimos alguna vez, por algo o por alguien.
Cierro los ojos, de pronto estás ahí y parece que siempre lo has estado.
Siento que no tengo piernas, sino telas colgando, vulnerables y dispuestas a danzar con una suave brisa.
En mi pecho suena un tambor que retumba en el resto de mi cuerpo haciéndome cosquillas con su vibración.
Y mi cabeza toma la dimensión del universo en donde flotamos sólo vos y yo.
Los espacios son interminables y el tiempo parece no pasar, mis sentidos se agudizan y registro cada instante de la manera más precisa guardando hasta el último detalle, para recordarlo siempre.
La libertad y plenitud de amarte me hace volar por los cielos sin importar la dirección, se siente como el viento atravesando las ropas, tocando el cuerpo, traspasando el alma.
Abro los ojos y ya no estás, nunca estuviste y si lo hiciste, fue hace mucho tiempo, y en mi pecho ya no hay un tambor que haga vibrar mi cuerpo, sino un punzón infinito que lo silencia todo y lo detiene.
Ya no hay sonido, ni movimiento, el espacio es un encierro, no tengo mis alas y el aire está quieto.
Menos mal que fui precavida y guarde hasta el último aliento!
Así por lo menos el amor se hará presente en mí de manera feliz cuando mis ojos se cierren.
Pero no siempre que despierte estaré triste, para eso tengo otro remedio, otro amor, que me devuelve la vida y el movimiento. Pero de ella otro día te cuento.





No hay comentarios:

Publicar un comentario

4 de octubre del 2019