Hastiada por la violenta multitud que la arremetía
se dejó caer, se dejó doler.
En la nebulosidad comenzó con la yema de sus dedos
a transitar las líneas de su cuerpo.
Se detuvo, allí dónde la superficie se hundía...
Entró, sigilosa y con un desasosiego de antaño,
libró batalla, resistió, cedió, se impuso triunfal.
Ahora sí, puede decirse que está lista para salir...

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