Miro el recorrido confuso de mi vida a través de un cristal roto.
Ya no comprendo cómo es que sigo sintiendo tanto, doliendo tan profundo.
Cómo es que el cuerpo puede resistir el peso exagerado de tanta pena.
Y ahí, aparecen tus ojos mirándome, buscando el refugio olvidado, pidiéndome a gritos callados que me quede, que resista, que comprenda.
Entonces me iluminan débiles, con su amor lastimado.
Mostrando una colección de heridas y un manojo de esperanzas abatidas.
Tiendo mi mano y despliego mis alas rotas sobre tu torso cansado.
Me escondo en tu silencio, del mundo exterior, que ya no me interesa.
Entonces todo, entonces nada.
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