miércoles, 19 de agosto de 2015

Antesala de un desencuentro


Podría construir las profecías más acertadas esta noche.
Nombrar cada uno de los sonidos
revelados ante la indiferencia.
Elegir las palabras
saliendo de su boca
y los oídos obviándolos.
Podría dibujar un mapa,
con los trazos justos,
con los recorridos gastados de sus pasos.
Determinar las estaciones
donde se dará una tregua
y las encrucijadas
cuando la duda quizás lo acorrale.
Puedo incluso, ver nítidamente
la secuencia de sus gestos:
primero su mirada esquiva,
luego su cabeza gacha,
seguido de una mueca en su comisura
parecida a una sonrisa resignada.
Las manos indecisas
entre el adentro y afuera
de los bolsillos del pantalón.
La cabeza inclinada levemente hacia un costado.
Recién ahí los ojos se clavarán en los míos,
pidiendo a gritos desesperados,
respuestas que no tengo.
Luego se irá con el cuerpo cansado
y la mente aturdida
(sabe que no podrá volver
y eso es lo único que lo perturba).
Sabe que el ruido se lo lleva
y que yo tras él,
cierro la última puerta.

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