Como animal herido deambulé por la ciudad de los sentidos perdidos.
Me golpeó la cara el rumor hostil de los sin amores y los desamorados.
Todo lo grande responde a lo ínfimo, pienso. Mientras siento que respondo a nada.
La melancolía me punza, para hacerme saber que todavía queda un resto, que todavía recuerda, que esa nada es sólo la negación de lo que tiene nombre y enmudezco.
La indiferencia silenciosa, tortuosa, violenta y destructiva. Horadando los órganos, haciendo nudos por ahí.
¿Quién va a nombrar los actos más desgraciados, quién va a hablar sobre milagros?
Pero es nada, soy nada, busco ser nada y en el despojo la tristeza se vuelve hielo y ya no siento más que mi cuerpo anestesiado de todo, inmerso en nada. Se abren los interrogantes, certeros, precisos, justos. Ninguna respuesta alcanza, porque dependen de un tiempo que desconozco. Mientras tanto, transcurro los días, a veces con la nostalgia, a veces con la firmeza de mis pies en la tierra que me hace crecer. Trazando un camino que lleva y viaja más lejos de lo que hoy me animo a ver.
Entre las formas, deformo el pasado y construyo un hoy, libre de toda pretensión.
miércoles, 14 de junio de 2017
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