domingo, 21 de abril de 2019

23 de febrero de 2019

Tengo una velocidad tan lúcida como desesperante.
Vos venís a tocarme los botones, por momentos el eject.
Me figuro en mil situaciones y posibilidades simultáneas.
Me mareo cuando tengo que elegir,
pensar en quedarme sin ahogarme, sin vaciarme.
Una comunidad en el morro, recuerdo sin imágenes.
Encuentro y reencuentro a la novedad de la potencia que somos juntes.
Descarga eléctrica, excusas que nos comuniquen.
Reacción química, el magnetismo y la transformación.
Me hacés explosión.
Cuando te adivino me pongo mística y melosa,
cuando te pienso también.
Cuando te vivo puedo estar o no tranquila, siempre encendida.
Pensé en dejar de escribirte (como estrategia),
pero lo necesito para aprenderme
y canalizar los besos y las caricias,
para hacer de la libido sin lugar,
una creación que te toque en mi imaginación.
Sería vergonzante como liberador que leyeras estas palabras
y sepas del juego caprichoso con algo de inocencia y obsesión
en el que me encuentro divagando desandando el temor.


(El miedo es a mi propia percepción. Cuando intento racionalizarla, ponerle lógicas cuantitativas, comparativas. A veces no soporto el silencio y la quietud. Quiero soltar todos los fantasmas que habitan en la nuca y me patean la espalda.)

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