martes, 21 de enero de 2020

Por momentos me vuelvo a abandonar.
Reencuentro con el rostro vacío, perdido.
Transito la oscuridad con facilidad, también soy de ahí y sin embargo salir cada vez cuesta más.
Cuesta el sueño tranquilo, cuesta una espalda pesada y un ánimo derribado.
Invoco la paciencia y al mismo tiempo la determinación para aprender haciendo carne, cuerpo, compromiso y convicción.
Cuando estoy lúcida comprendo que los dramas carecen de importancia real y los relatos mentales no hacen más que justificar todo aquello que me saca del lugar presente.
Cuando ando adormecida, dreno mi energía en placebos para no sentir.
Entre el desapego y la defensa las lineas son confusas, no puedo pensar en eso sin transitar angustia.
Hoy estoy rota, débil y culposa, me abrazo todo lo fuerte que puedo y me doy las manos para salir.
Andar sola si es necesario, tomar las riendas de mi vida con respeto y amorosidad.
El pacto es conmigo, también con la otredad.
Hoy estoy entera, fuerte y vigorosa, me libero tanto que no hay barrera y caigo en hacer lo que reavive mi viejo relato.
Un vaivén que marea y sobre el que se suscitan distintas formas de equilibrar.
La vida y vos son ese misterio.
Me encuentro dedicada a disfrutar la belleza de la vida simple, de bailar con los pies en la tierra, de lo que implica la entrega en un momento vivo.
Parece cosa fácil, sin embargo asusta.
Verse en despojo y descubrirse en el lugar interno es el movimiento de consciencia del que no se vuelve.
Toda la mentira y verdad no es más que la construcción que haces para dar y encontrar algún sentido a ser.
Vivirlo desde el miedo o la confianza es una consecuencia y una decisión.

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4 de octubre del 2019