La naturaleza solitaria con la que transcurro las horas.
Las intuiciones sobre los ojos ajenos y el aislamiento de mi mirada que ahonda en los huecos internos.
He cortado uno por uno los caminos, se han cerrado los conductos que me encontraban entre brazos, en conjunción por el entendimiento mágico.
La vergüenza de una imposibilidad que no comprendo, que observo con inocencia porque las intenciones murieron hace tiempo.
Paso como un transeúnte cercano o lejano. Paso viendo como todo se mueve alrededor.
La cobardía y estos días de retorno, reavivan las heridas que me llenan el aire y el respiro de fantasmas.
Colecciono en la memoria todos los momentos de abrazos certeros, de fusiones perfectas, de besos húmedos y largos, de manos sobre el sexo, de caricias por la espalda, de lunares encontrados, de voces en calma. De sueños compartidos y grandeza de las almas.
Mi rendición en este árbol solo, ante el juicio del sol que me calienta la piel. Entregada a la tierra que beso con los pies. En el mundo que construyo, al que vuelvo, del que no me quiero desprender.
Sólo digo, este cielo tiene que ser compartido.
Dejo atrás y sin testigos toda la miseria, todo el veneno corrosivo, hoy decreto la entereza de mi alma y la apertura al amor compañero y compartido.
jueves, 30 de julio de 2020
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