De tantas veces que estuve en mi pieza rodeada de imágenes recurrentes,
aprendí a ordenarlas
y armar un rompecabezas incoherente.
Giré el cerebro tanto como pude,
hasta me dí vuelta.
Hice mil espejos, maté la indiferencia.
Trajiste bajo el brazo preguntas abiertas,
colgando un gesto amable, buen humor y simpleza.
Hay que tener coraje para expresar
el escondite de la fragilidad.
Algo como volverse oscuridad
y ver al cuerpo más suelto, aunque roto.
Besar la sien como un mantra,
romper un pacto con las manos.
Brotar lluvia y desde los poros,
construir fuentes.
Estímulos como dardos dramáticos,
lo incómodo del estado estanco,
del propio y el que nos gobierna.
El tiempo: una decisión del eterno ahora.
Manifestar: presencia, acción, paciencia.
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