Cayendo la noche a tus espaldas
te meces en el despiadado eco de tus pensamientos.
Inocente, ciegas la mirada.
Pero entonces, penetrantes los sonidos de aquel eco
evocan los recuerdos,
te invaden los olores del ayer
y ahora sientes el gusto de la ingrata soledad.
Bienvenida al mundo criatura ingenua.
Sal descalza a andar el camino
y busca con tus manos frágiles el destino.
sábado, 8 de enero de 2011
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