sábado, 8 de enero de 2011

Un frío visceral te arrastra
a un refugio entre sábanas.
Encogida en la expresión más diminuta,
lanzas al infinito un mar de preguntas
en forma verborrágica.
Sin recibir ninguna señal...

El reflejo paraliza a esos ojos,
cansados y desbordados,
con surcos llenos de historia.
Esa misma que conoces bien.

La protagonista, el reflejo, las vísceras.
Los ojos, el infinito, finalmente finito.
Esa historia tuya...
Esta historia, mía...


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