Ya no puedo volver a mis recuerdos,
sin que mis errores me castiguen,
más que los mismos damnificados.
Quizá ellos no lo advirtieron,
pero yo me encargaré de vislumbrarlo a viva voz...
Me agobia la ridícula manía de pretensiones odiosas.
¿Qué más habré de dejar en el camino pudrirse, hasta desaparecer?
Las puertas se cierran, tan pesadas, tan majestuosas, tan cerradas.
Y yo, habiéndome creído indestructible por un momento, estoy afuera.
jueves, 3 de enero de 2013
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