La angustia de sentirme incapaz y tener que desafiarme, siempre me va a atormentar. No importa nada de lo que me digan.
Esa situación me genera ese sentimiento, ese estado y sólo huyendo logro apaciguarlo...
Y ahora quiero huir y esconderme, donde nadie vea mi vergüenza. Donde nadie espere nada de mí...
Y no lo hago, ni siquiera puedo ser coherente con mi necesidad. Me impongo a ese enfrentamiento estúpido, donde pierdo una y otra vez.
Es en mi discurso, contradictorio, tonto e inútil donde pierdo todo mi sentido...
Ya no se para qué escribo, para qué traduzco mis pensamientos, para qué pienso.
Siempre me resultó incomodo que alguien viera algo bueno en mí.
miércoles, 10 de julio de 2013
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