Chocamos con furia,
como dos bloques
decididos a encontrar los huecos vacíos.
Apenas me roza su aliento,
mi cuerpo se convierte en fluido y sudor.
Me transformo en río,
irrefrenable, inconmensurable.
Sólo sé correr en este estado,
por entre los pliegues de su piel.
Y así invadir lo más profundo,
hasta embeberle el alma entera con la mía...

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