Son días intensos.
Los transito con asombrosa calma, como si tuviera la certeza de que el universo estuviera confabulando a mi favor.
No es una fe esotérica, es algo más fuerte, más palpable.
Es paz interna, degusto las sensaciones con aceptación.
Me pierdo y me encuentro pensando, buscando, observando a los otros, aprendiendo de sus gestos, escuchando algo más que sus palabras...
El silencio es hoy mi mayor compañía.
A veces me entristece un poco, pero en general me sirve para escucharme y eso lo necesito...
Aceptarme, aceptar a los otros, aceptar las debilidades y encontrar en ellas una belleza singular...
Aceptar la incertidumbre y transitarla con calma, aprendiendo de todo lo que nos da ese no-saber-cómo-ni-a-dónde.
Encuentro mi esencia ahí, en esa búsqueda.
Cómo si todos estos años me hubiera dedicado a negar una parte mía que puja por salir, que lo logra: me sale por los poros.
Dejo que suceda, me dejo ir.
Acepto, me acepto...
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