Ese día moría algo más que la tarde.
De un suspiro triste concluyó su agonía.
El polvo arrastrado por los vientos de los viejos tiempos,
sepultó en la noche algo más que el sol.
Algo más que muerte, algo más de vida.
Sólo así resurge la blanca estela,
moviendo mareas, masas inquietas.
Allí se echa a viajar,
esperando a un débil rayo iluminar su sien.

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