miércoles, 1 de noviembre de 2017
El aire lleno de velos.
Capas como filtros.
Láminas
que se tocan,
se trastocan,
se mezclan,
se funden,
me confunden.
Abre la boca
y sólo salen peces de colores,
caen al suelo
que en ese instante
se convierte en agua para recibirlos.
Cae uno,
cae otro,
caen diez,
caen mil.
Consecutivamente.
Entran y se hunden,
perfectamente
en un círculo resonante,
se vuelve infinito.
Sube a su torre blanca,
parecida a las escaleras
de un tobogán
o un trampolín.
Juega al filo
de líneas vertiginosas.
Abajo
el agua refleja al cielo
o son la misma cosa.
Allá
los peces brotan
y hacen trucos
mutando de sabores.
En un parpadear
también está en el agua.
En cada parpadear
ahora cambia de lugar,
con el rostro
lleno de paz,
como quien es de ahí,
como quien echa raíces
por donde va.
Las imágenes: Nicoletta Ceccoli
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