lunes, 5 de agosto de 2013

El paso del tiempo sobre mi espalda, la tonta ilusión de la sanación y la salvación. 
¿A quién quiero salvar?
Debería salvarme de mi, de mis inútiles y dañinos sueños. 
El peso me aplasta y ya no hay diferencia entre mi cuerpo y el suelo.
Sólo quedaron restos de una noche que parecía eterna 
y ahora reina sobre ella la duda de su veracidad.
Intentando recuperarla, 
haciendo esfuerzos por reconstruirla,
por convencerme de su remota existencia...
Como si así pudiera traerla más allá o más acá de mi memoria.
Como si así pudiera volver a acariciar los instantes desesperados, 
llenos de todo eso que no aprendo a nombrar...
¿Acaso no menosprecia mis sentimientos adjudicándolos a mis fantasmas? 
¿Culpando a mis intenciones, a mis miedos de   culpar su integridad?

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