No tengo nada que decir.
No me atrevo.
¿Quién soy para tirar mis pensamientos sobre este mundo?
¿A quién le valen mis palabras?
Ni a mí.
Todas las deformaciones que ocurren en mi mente, no pueden definirse...
Y, apenas lo intento, el descontrol es aún mayor.
Provocando la burla más grande de mis intenciones.
Y aún así, suponiendo que lo lograra,
enseguida me encargaré junto con la realidad de destruirlo,
para reencontrarme en el caos...
jueves, 24 de octubre de 2013
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