domingo, 14 de diciembre de 2014

¿Quién es capaz de mirarme el alma y asomarse al precipicio de mis luces y mis sombras?
¿Quién soporta el generador de lugares tan dichosos como terribles que conlleva ésta cercanía?
Tal vez nadie.
Tal vez sólo yo,
que entre los muros de la soledad, 
agrieto las paredes con uñas y dientes para respirar.
Sólo sé existir a través de mis contradicciones. 
Voy surcando caminos indefinidos,
encauzando el nido de impulsos que habitan la carne. 
¿Quién va a juzgar sobre mis actos?
¿Quién sabe de mis deseos?

No hay libertad más real que asumir las consecuencias de las propias elecciones.

No aprendí a habitar ningún lugar. 
No tengo suelo ni tierra de origen. 
Huérfana de un pilar donde descansar.
Si tuviera dónde esconder mi cabeza ésta tarde...
Si pudiera refugiar mi espíritu en tu vacío...

Hay en este plexo un desasosiego ancestral, 
de otros tiempos, 
de lugares recónditos. 
Ellos me llevan lejos, lejos, lejos...

Porque la noche se asoma tras mi nuca y me susurra sin cesar...
Porque me encuentro tanto y no me puedo mostrar...



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