jueves, 25 de febrero de 2016

Hoy, en esta noche de lluvia torrencial, quisiera que estuvieras acá para hablarte y contarte cosas aburridas de mi cotidianidad, como trámites que hice a la mañana o el vestido con el que me tuve que volver caminando desde muy lejos, porque Paloma me vomitó toda la ropa. Así que para cumplir con mi capricho de alguna manera, te escribo. Para mí, comunicarse es un arte, en sí mismo, no me refiero a la cosa platónica ni mucho menos. El arte de lo que fluye, el arte del vaivén, la creatividad para resolver, el juego del hacer en todos los canales que confluyen. Eso, eso me significan los encuentros: estar, ser ahí. Pero, ahora tengo que decirte: siento una terrible desazón, no por no encontrar esos momentos, sino por encontrarlos y no poder profundizar, no tener lugar. Como si todo se abriera y se cerrara en el momento exacto que sigue. Entonces recordé un mail que te escribí hace un tiempo, en un estado similar. Lo leí, varias veces y siento que sólo puedo agregar estos renglones y transcribir aquellas palabras para que cobren más sentido.

"Intenté leer todo, no pude. Perdón, no pude.

Tuve una sensación: toda esa información, todas esas palabras qué, sé nacen de una verborragia sentida y sincera, me aturdieron. Me resultó mucho, mucho para mí y para mis situaciones insignificantes en el mundo. No las merezco, eso es. Y quizá por eso entiendo que soy excesiva y eso es demasiado para cualquier ser cotidiano. Demasiada intensidad, para un mundo en el que no sirve ser intenso. Acá sirve ser ajustado, cauteloso, especulador, medido. Yo no entiendo de eso y cuando me encuentro en esos lugares, me odio. Como cuando se revisaban los mensajes de un personaje de una ficción patética, de la que inexorablemente era parte, alimentaba y gestionaba. Así me siento cuando manipulo, así me siento cuando actúo y finjo. Finjo mucho más de lo que quiero y de lo que aguanto. Entonces me rebelo y me pongo intensa, apabullo, espanto y se van. Después ante cualquier otra posibilidad tengo miedo de toda esa rosca. Hasta que me asqueo otra vez y así...
Estoy buscando límites y el día que alguien se quede, si es que alguien se queda, si elige esa intensidad y quiere lidiar con eso... ¿Qué carajo hago, me querés decir? Vos me das este lugar también y yo me siento pez en el agua, pero no te veo, el límite es claro y me incomoda a la vez que resulta.
Mis deseos son tan chiquitos... Quiero ternura y chispa. No sé bien qué incluye eso: Abrazos, sexo puntilloso, pero guarro y más abrazos y besitos. Bebidas, puchos, fasos, charlas que no conducen a nada y a todos lados. Un poco de sensiblería un día como hoy, no viene mal. Algo así sería.
A veces pienso que podría enamorarme de cualquiera, otras que no podría enamorarme de nadie. Lo mismo pienso a la inversa: o puedo enamorar a quien quiera o a nadie. Ese extremismo es la estupidez. Y dejame decirte que no es nada original, eso también me rompe las pelotas.
¿De qué mierda se asustan o se asombran las personas con "códigos" si a todos nos invade la misma estupidez? Odio los reglamentos sobre las manifestaciones de los sentimientos, los odio profundamente. Yo que ellos me asustaría más de pensar que mueren personas por poder, esa absurdidad aterradora de la que no salimos y naturalizamos como si nada. Ese es el horror y no, sentir cariño por un amante de viernes o sábado a la noche. Vayansé a la mierda.
Tené miedo amigo, sentilo libremente, pero mandate igual. Eso es lo que quiero decirte, todo lo que quise decirte siempre desde que empezamos a hablar. El resto es pura cháchara divertida. 

Te abrazo." 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

4 de octubre del 2019