Que las raíces no sean nudos,
sino proyección a lo profundo.
Que el vuelo no sea dispersión,
sino expansión al mundo.
Que el cuerpo no sea encierro,
sino hogar de lo fecundo.
Que los días, los momentos, los instantes,
no sean quemados para llegar,
sino que sean en sí mismos el lugar donde estar.
lunes, 1 de febrero de 2016
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