Es de noche hace largo rato,
deambular por los viejos hogares
se volvió circuito.
Bajo una extensa escalera,
decenas de manos me esperan,
recorren mi cuerpo,
sostienen los pasos que doy
haciendo de ojos,
porque ahora sólo puedo mirar hacia adentro.
El vértigo se integra y tranquilo,
se convierte en suspensión.
Vuelco la visión hacia afuera,
entre calles de tierra deshabitadas
me dejo lejos y solitaria.
Siento más frío y despojo que miedo.
Muchas veces se pegan
y parecen la misma cosa.
Acercar y abrir el cuerpo al espacio externo.
Adentro le hice trincheras.
Desde los recovecos envío señales,
tomo aire, hago una puerta.
lunes, 27 de mayo de 2019
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