Voy bordeando el abismo, entre las ruinas de mi fe...
Recojo uno por uno, los pedazos de cuerpo que dejé caer.
Me cubre, envolvente, la oscura soledad.
No aquella que disfruto y con la que encuentro paz,
sino la que me provoca herirme, odiarme.
Aquella que me aterra y me acerca a la muerte.
Mis párpados mojados, pesan cada vez más.
Otra vez mi conciencia de la dignidad en decadencia.
Los sucesos me arrastran por el suelo,
mis manos, mis piernas, ya no pueden hacer nada.
Sólo me dejo caer. Me dejo estar.
Cierro los ojos, que sea de noche, no voy a mirar.
Que la inercia absurda me gane, no puedo pelear más.
lunes, 27 de enero de 2014
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