Se vuelven imposibles retener.
Tan pequeños...
Terminan por perderse entre mis débiles manos.
Todos han dejado huella.
Han empapado mi piel.
Se han hecho carne de mi carne.
Espero al viento rozar mi cuello.
Mientras, las palabras ajenas entran y salen
en un vaivén donde nada puedo comprender.
Todos los idiomas me resultan distantes.
Cada vocablo que llega a mis oídos,
no es más que un murmullo vacío que me aburre.
No entiendo de miradas,
de sonrisas,
de penas.
No he aprendido a hablar,
tampoco a callar.
No he aprendido nada...
No hay comentarios:
Publicar un comentario