Todos los rostros propios y ajenos me aburren.
Transito las horas como si no fueran mías; es que realmente no lo son.
No soy dueña de ningún tiempo.
Camino distante respecto a lo que me rodea, como si los viera por fuera.
Acreciento en cada paso el desinterés por aquellas luces que van y vienen,
por los pequeños sonidos lejanos que no hacen más que perderse.
Me escondo cada vez más en un silencio que me aturde.
Formulo un sinfín de preguntas, respuestas, frases, sentimientos.
Todo se enreda y se parece a nada.
Descarto un sinfín de preguntas, respuestas, frases, sentimientos.
Está todo enredado, se volvió nada.
Mis palabras son de una pobreza tan grande que sólo sé repetirme.
Mis actos son de una pobreza tan grande que siempre vuelvo al mismo lugar.
Es enorme el hastío de volver una y otra vez a guardar todo en un rincón del olvido.
(Si al menos eso pudiera...)
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