Encontré un lugar y habla de mí.
Está árido, seco, algo frío.
El relieve es trágico, irregular, caótico.
Hay luz.
Todo está iluminado y el cielo es límpido.
Hay una conjunción entre la extrema claridad
y la desbordante y exagerada confusión.
Quiero llenarme los ojos, la boca, las entrañas y el pecho.
Cubrir cada rincón de mi ser con lo que palpo en este instante.
Todo está ahí, dispuesto a mostrarse.
Ni siquiera dispuesto.
Sólo está y no pretende nada.
Eso también habla de mí ahora:
Estoy y no pretendo más que estar.
No se que soy.
Sé que soy y con eso me basta.
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